Por M. Busquets

En la Parte Alta de Tarragona, detrás de la puerta de un albergue, se entrecruzan historias duras y caminos que vuelven a empezar. La Fundació Privada Bonanit acompaña a personas en situación de vulnerabilidad y sin hogar con dos recursos clave: la atención en el propio albergue y el programa de pisos tutelados ‘Segunda Familia’. Para muchos, no es solo disponer de un techo. Es un lugar donde poder volver a empezar.
‘Aquí he encontrado afecto y amistad’
Jorge Ernesto llegó después de un incendio que arrasó su casa. “No pude salvar ni una camiseta”, recuerda. Con problemas de salud, fue derivado al albergue. Cinco meses después, subraya lo más básico y lo más esencial: “Aquí he encontrado cama, ducha… y también afecto y amistad”, explica. El golpe de quedarse sin nada fue “muy duro”, pero dibuja un antes y un después: “Estaba perdido, y cuando llegué aquí se hicieron cargo de mí. Eso cuenta mucho”, destaca.
Djaouida y Kaddour pasaron más de medio año en la calle, moviéndose por diferentes puntos de Tarragona. Con una elevada discapacidad de Kaddour y sin red de apoyo, el frío y la desesperanza marcaban su día a día. “Salíamos por la mañana y hasta la noche no teníamos dónde ir”, explican. La derivación desde los Servicios Sociales y entidades como Cruz Roja les abrió la puerta de la fundación. Primero, el albergue; después, un piso tutelado. “Ahora estamos mejor. Más tranquilos”, celebran.
Destacan el trato recibido por parte del equipo de la fundación: “Los voluntarios y monitores son muy cercanos. Hay mucha empatía”.
Para Maricela del Rocío, el cambio llegó después de dos años viviendo con sus dos hijos en una habitación minúscula. “Dormíamos en el suelo. No eran condiciones”, recuerda. A través de contactos y de la propia entidad, accedió a un piso. “Fue una bendición”, dice con una sonrisa en los labios. Seis años después, habla de estabilidad y de acompañamiento constante: “Siempre han estado pendientes de nosotros, en la fundación. Que alguien te pregunte cómo estás, eso se valora mucho”.
Ahora se prepara para formarse en atención domiciliaria y “rehacer por completo mi camino”.
Las voces de los cuatro coinciden en una idea: la mirada social a menudo falla. “Se tiende a juzgar. Si estás en la calle, parece que sea por drogas o alcohol, porque te lo has buscado, y no es así”, apunta Maricela del Rocío. La pérdida repentina de vivienda por un accidente, la precariedad o la salud pueden empujar a cualquiera a una situación límite. Y la calle, recuerdan, “es muy dura”, especialmente en invierno. Precisamente por eso, “porque nos hemos encontrado en esa situación, a la sociedad le falta empatía”, exponen.
20 años de trayectoria en la Fundació Bonanit
En este sentido, la fundación ha sido, para todos ellos, un punto de encuentro y de apoyo. Allí se construyen vínculos. “El trato es humano”, resumen. Y ese trato “es lo que marca la diferencia”.
Y es que con los años, después de dos décadas de trayectoria y de servicios a las personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad, la Fundació Bonanit se ha convertido, para muchas personas, en algo más que un recurso asistencial. Es un espacio seguro donde rehacerse con acompañamiento, donde recuperar rutinas y, sobre todo, donde ganar confianza. “Aquí he encontrado otra familia”, dice Jorge Ernesto.
Por eso, también reclaman más conocimiento y más apoyo social a la entidad. “El trabajo que se hace es muy grande”, apuntan. “Más recursos significa llegar a más gente”, remachan. Y mientras tanto, en la Parte Alta, cada noche se repite el mismo gesto sencillo: abrir la puerta para acoger a quien lo necesita.
